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Muy próximos a cumplir un cuarto de siglo del advenimiento de la ultrasonografía en gineco-obstetricia en nuestro país, es conveniente que nos preguntemos cual es la situación actual de su aplicación en la práctica clínica habitual en nuestro medio. A los que introdujimos esta tecnología en Chile nos parecen muy lejanos aquellos duros comienzos en que tuvimos que luchar contra el escepticismo que produce todo adelanto en medicina, no sólo en la población general sino que principalmente en la clase médica. En cierta medida esa desconfianza era comprensible debido, por una parte, al desconocimiento que entonces se tenía de los posibles efectos nocivos del ultrasonido sobre el feto y también debido al incipiente desarrollo de esta tecnología que sólo nos permitía visualizar vagamente los órganos y estructuras fetales. Felizmente esos días ya se han ido. La investigación científica constante y prolongada hasta nuestros días, ha logrado disipar, con suficiente certeza, toda duda sobre la inocuidad de este procedimiento. Por su parte. la bioingeniería, con sus sorprendentes y acelerados adelantos tecnológicos, ha puesto a disposición de los médicos equipos que nos permiten efectuar el más exhaustivo y prolijo examen físico del feto y de los órganos sexuales internos femeninos. Ya nadie, o casi nadie, duda de la utilidad de esta tecnología. En los pocos escépticos que aún quedan, su desconfianza se sustenta en la ignorancia del tema, más que en la prudencia. Es así como en esta última década se ha producido un justificado entusiasmo por esta tecnología por parte de los médicos. Desafortunadamente, un porcentaje alto de los gineco-obstetras que hoy realizan exámenes ultrasonográficos de la especialidad, no tienen la capacitación adecuada para obtener de este procedimiento la información suficientemente completa y confiable que la paciente merece. Este es, a nuestro juicio, uno de los problemas más serios y preocupantes que enfrenta la práctica médica en esta especialidad. Se tiende a ignorar que esta maravillosa herramienta diagnóstica basa su eficacia no sólo en su sofisticada tecnología, sino que, muy importantemente, en la idoneidad del operador. Vemos hoy que se está produciendo un peligroso distanciamiento entre la tecnología cada vez más compleja y la capacitación insuficiente del operador. La ética nos exige mantener actualizados a un óptimo nivel, los conocimientos técnicos, teóricos y prácticos necesarios para el eficaz ejercicio de la medicina en el área o especialidad determinada. Creemos que ha llegado el momento en que los gineco-obstetras que practicamos la ultrasonografía en nuestro país, acreditemos nuestra idoneidad en esta área ante las instituciones médicas académicas, profesionales o científicas pertinentes, con el fin de optimizar la eficacia de este procedimiento diagnóstico en beneficio del paciente, quien debe ser la razón última de nuestras acciones médicas. Asimismo, es deseable que los médicos tratantes que solicitan los exámenes a sus pacientes, exijan del ecografista toda la precisión y confiabilidad que este procedimiento puede dar. Dr.
Gustavo Gormaz S. |